El rincón sensorial
Nuestro Rincón Sensorial se actualiza regularmente. Pásate de vez en cuando y descubre nuevos contenidos.
Nuestro Rincón Sensorial se actualiza regularmente. Pásate de vez en cuando y descubre nuevos contenidos.
Cuando demasiadas cosas ocurren a la vez: entendiendo la sobrecarga sensorial
A veces vemos a un niño taparse los oídos, ponerse nervioso de repente, llorar, enfadarse o necesitar aislarse, y no entendemos qué ha ocurrido.
Desde fuera puede parecer que no ha pasado nada importante. Sin embargo, para algunos niños el mundo puede sentirse mucho más intenso de lo que imaginamos.
Un sonido que apenas percibimos, una luz demasiado brillante, un olor fuerte, una etiqueta en la ropa, varias personas hablando al mismo tiempo o incluso la emoción de una actividad que les gusta mucho pueden convertirse en una fuente de sobrecarga.
Y aquí hay algo que muchas familias descubren con el tiempo: la sobrecarga sensorial no siempre aparece por algo negativo.
También puede ocurrir durante un cumpleaños, una excursión, una fiesta, una visita esperada o cualquier situación que genere mucha emoción e ilusión.
El problema no es que el niño esté disfrutando o que esté triste. El problema es que su cerebro está recibiendo más información de la que puede procesar cómodamente en ese momento.
Por eso, a veces vemos conductas que parecen no tener sentido:
Se enfada cuando estaba disfrutando.
Llora después de una actividad divertida.
Se aísla cuando llegan visitas.
Parece cansado después de algo que le gustaba mucho.
No es una cuestión de educación ni de falta de interés. Muchas veces es simplemente una señal de que necesita recuperar el equilibrio.
Como adultos, no siempre podemos saber exactamente qué está sintiendo un niño, pero sí podemos aprender a observar.
Con el tiempo, muchas familias empiezan a identificar pequeñas señales que aparecen antes de una sobrecarga:
Más movimiento de lo habitual.
Necesidad de tocar o manipular objetos.
Inquietud.
Cambios de humor.
Búsqueda de aislamiento.
Mayor necesidad de apoyo o contacto.
Cada niño es diferente.
Observar, escuchar y acompañar suele ser mucho más útil que intentar corregir una conducta que, en realidad, puede estar expresando una necesidad.
Porque detrás de muchos comportamientos que no entendemos, puede haber simplemente un niño intentando decirnos que el mundo se ha vuelto demasiado intenso por un momento.